miércoles, 7 de diciembre de 2011

La Fase Premenstrual y el Otoño

Texto y fotos: Sophia Style


Me encanta el pesto. ¡Y especialmente cuando está hecho en casa con albahaca de mi terraza! Este octubre, un día soleado de otoño, decidí por segundo año guardar las semillas de mis plantas de albahaca para plantarlas otra vez el año que viene. Durante el proceso de deshacer las cascarillas secas para quitarles las semillas, sentí la profunda conexión entre este momento en el ciclo de la planta y la fase premenstrual en el ciclo de la mujer.


Desde el inicio de mi ciclo reproductivo y hasta los treinta años, la semana anterior a la regla ha supuesto para mí una intensa sacudida emocional. Este descenso mensual y su enorme influencia sobre mis estados de ánimo, pensamientos y relaciones me ha impulsado durante los últimos diez años a explorar y entender sus raíces.


Como buena hija de la ciencia moderna y del patriarcado, mi búsqueda se inició mirando hacia fuera y hacia los consejos de los “expertos” de la medicina alopática. Pero rápidamente vi que allí no encontraría ninguna respuesta satisfactoria. De hecho, en su libro “El Síndrome Premenstrual”, la profesora de la facultad de medicina de la Universidad de California, Andrea Rapkins, tras describir un abanico de malestares físicos y emocionales denominados como ‘trastornos premenstruales’, afirma que “el síndrome en si mismo sigue siendo un misterio”. Hace tan solo 20 años, una prestigiosa revista científica de obstetricia y ginecología se refiere a la histerectomía y la extirpación de ovarios como tratamiento recomendado para el síndrome premenstrual extremo.


El gran giro se dio en el momento en que volví la mirada hacia adentro. Después de observar atentamente las oleadas de mi ciclo durante un año, me di cuenta de que mi metamorfósis mensual estaba íntimamente conectado con los ciclos de la naturaleza: las estaciones, la luna y las plantas. Como la semilla que brota y crece en la primavera, florece y da fruto en verano, se desgrana en otoño y reside latente en la tierra oscura en invierno, antes de germinar otra vez en primavera. En cuanto miraba y sentía en mí la totalidad de este ciclo de vida-muerte-renacimiento, de la cual la sociedad moderna se ha alejado tanto, cambió completamente mi visión de la fase premenstrual.

Volviendo a la albahaca, durante el proceso lento y perseverante de sacar las pequeñas semillas negras de sus cascarillas muertas, estaba claro para mí que esta envoltura desecada era un símbolo de todo lo que emerge desde las profundidades de nuestro inconsciente durante la semana antes de la menstruación. Este es el momento reflexivo del ciclo menstrual en la cual aflora nuestra ‘herida profunda’ (por ejemplo “me van a abandonar”, “no soy suficiente”, “estoy sola”), en la cual nos vemos cara a cara con nuestra sombra, con nuestra vulnerabilidad, nuestros juicios internos, y con todo lo que no está en equilibrio en nuestra vida. Y por lo tanto es una grandísima oportunidad que tenemos las mujeres cada mes de ver claramente lo que llevamos en la mochila, y permitirnos sentirlo, escucharlo y empezar el camino de aceptar plenamente nuestra oscuridad, tanto como nuestra luz.


“Quizá todos los dragones de nuestra vida son princesas que sólo esperan vernos resplandecientes de belleza y valor. Quizá todo lo terrible es, en su esencia más profunda, algo indefenso que quiere nuestro amor”, citando a Rilke.


Cuando somos capaces de contener todas nuestras emociones en el abrazo amoroso de nuestra presencia, dejamos de resistir y soltamos lo que ya no nos sirve – tal como las hojas que caen del árbol y las cáscaras muertas que vuelven a la tierra. Y para hacer este viaje de introspección y de auto-conocimiento, la realidad es que se requiere tiempo para estar a sólas. Esta fase del ciclo nos pide, muchas veces a gritos, atender a nuestras necesidades y a nuestros dragones, para restaurar el equilibrio perdido entre el dar y el recibir, lo externo y lo interno, lo consciente y lo inconsciente…


Este octubre, en mi terraza, tras haber quitado las semillas de las cascarillas y aún mezcladas en el bol, ocurrió algo mágico de pronto: ¡sopló un viento ligero y se llevó casi todas las cascarillas! En este instante, el viento me recordó que tenemos ayuda, que no necesitamos hacer de “superwoman”, sino, pedir apoyo, abrirnos a recibir y aprovechar este momento de consciencia para cuidarnos, nutrirnos y amarnos más. Para encontrar una nueva relación con nuestros dragones, están las amigas de confianza, están los círculos de mujeres, está el bosque, esta la danza para soltar, están las terapeutas holísticas que nos pueden acompañar en nuestro viaje al submundo, como Perséfone o Inanna, para encontrar el tesoro en la oscuridad.


A través de la aceptación amorosa llega la transmutación, sale la semilla y damos a luz a una nueva consciencia de nosotras mismas: “soy suficiente”, “me amo y me acepto tal como soy”, “el amor nunca me ha dejado”.



Además, de una sola planta de albahaca, salen cientos de semillas! Los frutos de este viaje de auto-conocimiento son inmensos y abundantes, y permiten que cada vez salga más nuestra magia, nuestro poder y nuestra Chamana o Hechicera interior, los arquetipos de la fase premenstrual. Estas semillas sabias hibernan durante el reposo de invierno, relacionado con el momento transformador y renovador de la menstruación. Y su poder latente brota con fuerza y determinación en la fase pre-ovulación, conectada a los arquetipos de la Virgen y de la diosa griega Artemisa.


Al conectar con todo nuestro ciclo menstrual y honrar tanto la parte expansiva y consciente como la parte introspectiva y del inconsciente, estamos despertando y conectando con la sabiduría de lo femenino profundo, que nuestro mundo en crisis requiere más que nunca.


Blog “Conecta con tu Ciclo Menstrual”: http://conectacontuciclomenstrual.wordpress.com/


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1 comentario:

Ana Lope dijo...

Me ha parecido muy interesante, tanto lo que cuentas del ciclo premenstrual, como lo que explicas para replantar albahaca.
Seguiré tus consejos.
Un saludo y bendiciones )o(